De las cenizas de los hard-rockeros suecos Gypsy Sons of Magic, emerge Black Bonzo como una auténtica banda de prog artístico. Su sonido se expande con mellotron, piano y órgano Hammond, sostenido por una batería intensa, un bajo firme y guitarras intrincadas. La referencia a Uriah Heep es inevitable —con un vocalista que parece invocar a David Byron— y se completa con ecos de Kansas, Queen y Deep Purple. Un despliegue de pompa, técnica y sensibilidad que honra el linaje del rock progresivo.